Foto de archivo: el padre Eugenio Prévost con las Oblatas de Betania

Padre Prévost : Vida y obra

Vida y obra del padre Eugenio Prévost

Fundador de la Fraternidad Sacerdotal
y de las Oblatas de Betania

Foto de archivo enmarcada y mostrando al padre 
Eugenio Prévost en el centro con un grupo de sacerdotes
Un padre con el corazón de fuego para Jesús y sus sacerdotes


Cuando brota una chispa

Eugenio Prévost nació el 24 de agosto de 1860, en San Jerónimo, Canadá. A los diecisiete años, distraído el colegio, no se aplica mucho al estudio. Luego de un descuido, cae gravemente enfermo al punto que se le cree perdido. Durante su convalecencia, frecuenta la capilla del colegio donde Jesús lo llama. Es la conversión al amor de Jesús.

Un fuego se enciende:
aquel del amor por la Eucaristía

En el Seminario de filosofía de Montreal, Eugenio escucha hablar de la Sociedad del Santísimo Sacramento. El señor Charles Lecocq, sulpiciano, su director espiritual, lo alienta a seguir su inclinación: Eugenio tiene sed de ser un adorador del Santo Sacramento. Él parte para el noviciado de Bruxellas, en ese momento tiene casi 21 años. En una llamarada de amor, hace profesión perpétua, el 29 de septiembre de 1886. En el bendito día de su ordenación sacerdotal en Roma, el 4 de junio de 1887, el futuro apóstol de los sacerdotes es concedido de gracias particulares que lo hacen vivir y tomar intensamente su Sacerdocio

Un fuego de amor por los sacerdotes

El padre Eugenio Prévost es colocado a la cabeza de la Asociación de los padres adoradores y nombrado consultor general de su congregación. Bajo su dirección, la Obra de los padres adoradores pasa de 6.000 a 46.000 miembros. Ya en 1886, el joven Eugenio había confiado a su Superior su amor hacia los sacerdotes: “Este amor hacia los sacerdotes, es casi un estado de pasión en mi.” El amor de Jesús Eucaristía le conduce hacia el amor del Sacerdocio en Jesús y en sus sacerdotes.

Este amor ilumina al Padre Prévost
sobre los designios de Jesús

En diciembre de 1899, el padre Eugenio Prévost retirado en Sarcelles se inspiró de Dios en la oración. Él escribió: “Hay dos grandes Sacramentos que se llaman mutuamente, inseparables el uno del otro: la Eucaristía y el Sacerdocio... Obras de todos los géneros fueron fundadas para la gloria del Santísimo Sacramento... Pareciera que al lado de las obras eucarísticas, deberían nacer las obras sacerdotales. Y sin embargo, ¡eso no ha sucedido!... Lo que existe para todos no existe para el padre. Hace falta una congregación que haga de ello su objetivo especial y que asegure para todas las obras sacerdotales el desarrollo y la perpetuidad. ¿El tiempo no ha llegado a fundarla? Parece que sí. Este trabajo será la culminación de mucho otros”.

El padre Prévost se da cuenta que acaba de hacer el sacrificio de su vocación. “Vuestras obras de amor, oh Jesús, motívalas en vuestra Iglesia. Vuestros sacerdotes ¡Oh! ¡santifícalos, sálvalos! Hazme vivir mucho tiempo y sufrir mucho, si puedo ayudar a salvarlos y a hacerlos santos” (notas íntimas).

Después de haber consultado eminentes consejeros eclesiásticos, él escribe a su superior general: “La fascinación que desde hace mucho me lleva hacia los padres y que ha crecido estos últimos años no hace más que fortalecerse en mi alma, al punto de tomar por mí el carácter de una verdadera vocación. Yo me creo culpable en consciencia de no responder a ello...”

El 1° de agosto de 1900, él obtiene la exención de sus votos.” Era la hora del cumplimiento de los designios de Jesús. Yo iba a entrar en la última fase de mi vida, aquella que había preparado veinte años de vida religiosa y que iba a iluminar el amor apasionado de Jesús y del padre” (notas íntimas).

Ese amor apasionado de Jesús y del padre lo mantiene fiel
hasta el final

El padre Eugenio Prévost se puso al servicio exclusivo de Jesús a través de sus padres después de haber recibido del Papa León XIII la confirmación que su proyecto “parece responder a las voluntades del Dios muy misericordioso” y que “Dios lo llama a dedicarse por completo al bien de los sacerdotes”.

A los cuarenta años, el padre Prévost se consagra a su nueva vocación de fundador el jueves santo 4 de abril de 1901, en el Vaticano, de las manos del Cardinal Vivès y Tuto, representante del Papa. El amor de Jesús lo mantendrá fiel hasta su muerte, el primero de agosto de 1946, a pesar de los sufrimientos y las pruebas de toda suerte. Sus últimas palabras antes de morir: “¡Jesús! ¡Ámenlo!”, muestran el secreto de la santidad y de la felicidad. “Es suficiente amar para convertirse en santo. Dios es amor, Jesús es amor, los santos son amor. El cielo, ¡es el amor eterno! Amemos y el cielo ¡será para nosotros!” (9 de junio de 1919)

Hoy, esa pasión se extiende en Francia, Canadá y Colombia (América del sur) por medio de la Fraternidad sacerdotal y las Oblatas de Betania: las dos congregaciones religiosas fundadas por el padre Eugenio Prévost.

Los religiosos de la Fraternidad sacerdotal profesan al clero, quieren honrar y glorificar a Jesús a través de sus padres siendo adoradores “ en espíritu y en verdad” y de los apóstoles diligentes e incansables para los sacerdotes.

Las Oblatas de Betania persiguen el mismo objetivo empleando medios similares. Ellas están felices de pertenecer totalmente a Jesús, de ofrecerse a Él en la oración cotidiana de adoración eucarística, de rezar a Él por todos los sacerdotes del mundo y de servir por Él a los padres de las casas sacerdotales a donde ellas son enviadas.






Foto de archivo: señora Léontine Guillet, benefactora inagotable del padre Prévost y de Betania
La señora Léontine Guillet, benefactora inagotable del padre Prévost y de Betania. Ella ofreció a la Fraternidad Sacerdotal una casa en Villiers-le-Bel.